domingo, 12 de mayo de 2013

¿Yo, una persona mayor?



¿Viejo yo?Una de las más fuertes resistencias ante cualquier propuesta de envejecimiento activo es la resistencia al propio hecho de envejecer. A partir de una cierta edad (y es temprana, por cierto) solemos observar a los otros como si fueran mayores. Nuestros 40 o 70 no parecen los 40 o 70 de los demás. Como nos contaba hace unos días Inés (de La Casica de mis Abuelos) oímos a algunos de 90, “¿viejo yo? No, ese sí…”
Hoy, en una continua apología de la juventud se premia al mejor arquitecto de menos de 40, al niño prodigio que toca el violín con 4 años, al director general, catedrático, coronel del ejército, investigador… de menor edad. Conocemos casos en que se destaca para un puesto de trabajo “senior” al joven con muchos títulos sobre el maduro (realmente “senior”) con mucha experiencia. Valoramos la edad (baja) por encima de otras consideraciones. Como el ideal de belleza griego, hoy el cuerpo más apuesto es el del imberbe o la joven adolescentes. Por ello, para aparentar la edad que ya no tenemos, nos depilamos, aplicamos cremas, moldeamos músculos, estiramos la piel, cortamos y añadimos en quirófano. Como dicen Juan Gervás y Mercedes Pérez en esteinteresante artículo, vivimos la época de la Historia en que estadísticamente tenemos mejor salud que nunca y sin embargo hacemos grandes esfuerzos por mejorarla más y más. Como si fuéramos a lograr esa eterna juventud que ni el propio Gilgamesh encontró.
La presión social es tan fuerte y las imágenes tan potentes que pocos resisten el bombardeo sin que cause un cierto estrés aquello de cumplir años. Y así, cuando se habla de la gente “mayor” – término comúnmente aceptado en los últimos años – por ser un término relativo (mayor “que”) siempre cabe la interpretación de que “conmigo no va”. Nos convencen tanto de lo negativo de la edad que nunca estamos dispuestos a sentirnos incluidos en un colectivo tan estigmatizado.
Pues bien, creemos que casi siempre “conmigo sí va”. En los estatutos de nuestra asociación decimos que trabajamos por la inclusión de un colectivo vulnerable, el de las “personas mayores”. Precisamente por ser un término relativo, las personas mayores (por ej. mayores “que” 50) son un colectivo vulnerable en ciertos ámbitos (por ej. vida laboral). Si no entendemos que somos “mayores que”, difícilmente superaremos las trabas que la sociedad nos impone. Si personalmente no asumimos que envejecemos, que cada año cumplimos un año y que al margen de la edad que tengamos somos personas con los mismos derechos y obligaciones, con la misma dignidad a exigir y mantener, difícilmente envejeceremos de forma sana.
Como sociedad hemos de seguir trabajando en la idea de que somos un colectivo de personas de edades distintas. Pero para que las empresas, la clase política, la sociedad civil crean en los mayores (repetimos, no hace falta poner cifra) quizá deberíamos a empezar a creer más en nosotros mismos.